¿Cuándo se malogró nuestra costa?
- Circo Criollo Revista

- 27 feb 2022
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La grasa de las capitales no se banca mas II
Ahora que volvió al candelero el tema del vial costero de Vicente López vale la pena pensar-más allá de lo puntual y lo coyuntural- en el significado de nuestra costa en términos sociales y políticos.
En primer término, pasada ya más de una década de las protestas en contra de la construcción del Vial Costero (2010/2011) en las que las motivaciones auténticamente ambientalistas fueron motorizadas por un conjunto de actores externos, antijaponesistas y antikichneristas, la disputa política dejó filtrar un debate por la costa que trasciende las fronteras vecinales y que atraviesa al AMBA en su conjunto.
El hecho de que tanto los distintos municipios del GBA como el gobierno de CABA tengan cada uno la potestad de definir los usos de una configuración única y unitaria como lo es la ribera del Rio de la Plata, es una herencia institucional que se origina mucho antes de la hegemonía neoliberal. Aun así- y esto es lo más importante- la delegación vía descentralización municipal es un atributo que se establece en los dispositivos neoliberales. Y sobre ello no hubo cambios centrales en los años kichneristas.
En todo caso, para volver a pensar la costa deseada, no nos queda más remedio que retomar el rol del Estado provincial para el caso de los municipios del GBA, sobre la base conceptual de una política de ambientalismo popular.
En segundo lugar, porque las actuales movilizaciones por circulación de autos en la zona costera tienen muy amplios antecedentes, pero tanto la movilización como la interpelación a las autoridades municipales y provinciales requieren una necesaria discusión sobre cuándo se malogró nuestra costa, en el sentido de cuándo perdimos nuestras playas, bosquecillos y bañados.
Porque en última instancia primero se produjeron los rellenos con escombros y basuras, luego se construyeron los parques y por último llegaron los desarrolladores inmobiliarios que proyectaron las calles o viales costeros como parte de la valorización urbana de la costa.
Y todo esto empezó, aunque parezca increíble, durante la última dictadura militar, con el proyecto de la Autopista Ribereña del CEAMSE.
Ahí ya estaban los elementos centrales de nuestro presente: un camino –en ese caso, una autopista- perpendicular a la costa, relleno de playas y bañados con escombros, y la formación de algunos parques y reservas ecológicas. Este proyecto incluía un negocio inmobiliario, llamado en ese momento Ciudad satélite, una isla de hormigón a la que se accedería por la autopista ribereña.
Finalmente en 1981 la dictadura desistió de realizar este mega proyecto. Oscar Oszlak en su ya clásico Merecer la ciudad, argumenta que la oposición de connotados vecinos sanisidrenses hizo naufragar este proyecto. Creemos que hay que volver a evaluar esta hipótesis. Entre otras razones, sospechamos que las obras de relleno de la costa habían comenzaron sobre las playas de Vicente López cuando las adversas condiciones económicas fueron finalmente el verdadero freno. Sin las garantías económicas del gobierno, sin los avales, la licitación finalmente se cayó.
Sin embargo el intendente de facto de Vicente López, el Coronel Ursini, aprobó una serie de ordenanzas que en definitiva eran una continuidad local del plan del CEAMSE: la construcción de un Parque de la Ribera y de una Reserva Ecológica.
En base a estas disposiciones, el Secretario de Obras Públicas, curiosamente un tal Astiz, convocó a las empresas de demolición a arrojar sus escombros sobre las playas y costas de Vicente López.
El panorama a fines de 1983 cuando inició su gestión Sabattini, era realmente desolador. Sobre este escenario surgieron una serie de organizaciones sociales, como la Multisectorial de la Costa, que luchaba por la recuperación de la costa, es decir, por una costa pública para uso popular, o los grupos que fue nucleando el ambientalista Ricardo Barbetti para intentar frenar la destrucción de la costa y preservar los ambientes naturales.
Entonces, desde 1983 ya era obvia la existencia de dos proyectos en pugna, uno derivado desde las usinas de la dictadura y el otro que surgía de la renaciente democracia.
Aquí podemos hacer un punto y aparte y establecer cuándo y quiénes malograron nuestra costa. Fueron esos funcionarios del CEAMSE y la Muni de Vicente López de la dictadura. Pero también aquellos que continuaron rellenando durante los ‘80 y los ‘90 pese a todas las voces que lo impugnaban año a año.
Finalmente el Parque de la Costa emergió de los escombros y el basural como un mal menor. Y sobre ello irrumpió la valorización inmobiliaria de la ribera con las megas torres de lujo y el Vial Costero.
Vaya como anécdota que sólo un intendente sin pasado local podía y puede mostrarse en su departamento sobre la costa sin pudor. Otro tema es que ello sea socialmente legitimado.
Nos queda una tercera cuestión: ¿Por qué?
La respuesta más obvia, el poder que ostentan los desarrolladores inmobiliarios, el capital que se mueve en la valorización de zona relativamente marginadas, la venalidad política.
Pero también hay un proyecto de reforma social, que encarnada desde la dictadura era sinónimo de expulsión de las clases populares, o lo que es lo mismo, de sus prácticas sociales y culturales en el espacio ribereño.
Esto que puede parecer un análisis abstracto fue sin embargo discurso público durante la dictadura en la voz del CEAMSE. Lo que literalmente esperaban era reemplazar “los abigarrados camiones de picniqueros, las gordas de batón, y los estridentes encuentros de pelota paleta por el auto japonés, el horno a microondas y la música de la Camerata Bariloche.” (Costa Norte, 17 de julio de 1981, El CEAMSE y las gordas de batón).
En ese sentido (y en otros) Oszlak tenía razón al analizar el conjunto de las políticas urbanas de la dictadura en el AMBA bajo la lupa del derecho a la ciudad.
En el estado actual de la disputa por los usos de la ribera, podemos registrar el retorno de las clases populares al río y al parque desafiando todo tipo de obstáculos y reglamentaciones que operan como fórmula restrictiva. En ello, el cacheo de bebidas alcohólicas practicado sobre los picniqueros contemporáneos fue una elocuente medida de disciplinamiento social.
Pasados los vapores etílicos autoritarios del primo ex inteligente de Macri, la dinámica de disputa por el sentido social de la costa adquiere un nuevo campo en manos de la política municipal. Los food trucks son un ejemplo de la introducción de espacios y prácticas sociales que promueven una nueva modernidad de consumos en la ribera, que no se agota en esa oferta gastronómica, sino que avanza en la definición de las prácticas del tiempo libre, de la actividad deportiva, de los espacios abiertos y semicerrados de la costa, que requieren además de recursos monetarios, el manejo de códigos sociales que operan como barreras para las clases más marginadas.
En una recorrida sobre la zona con el google map, podemos encontrarnos con propuestas en el espacio público como Venar Beach Tennis Club, Empower Run o Mane Kite School, ideas a las que se le suman tanto las actividades municipales del mismo tenor como las propias que suman actores privados, individuales o empresariales.
Al mismo tiempo, la costa se puebla de grupos familiares o juveniles que retoman las prácticas tradicionales de los picnics- aunque ya sin las parrillas- para su propio goce. Se vuelven a escuchar músicas populares y en algunos casos se aventuran al río, desafiando los peligros de los escombros y la difusa contaminación del agua.
Sobre estas prácticas las fuerzas policiales ejercen una moderada presión, la suficiente para cancelar su repetición y difusión.
En este estado de situación, que debe incluir una serie infinita de ocupaciones irregulares de tierras públicas de la costa por parte de entidades de diverso tipo, ha vuelto a debatirse el sentido de uso de la costa a partir de la habilitación del tránsito automotor durante los fines de semana sobre el vial costero.
Lo único que está en claro en esta historia es que no debería haber un camino paralelo al rio sobre la costa (y esto ya lo decían algunos concejales radicales, intransigentes y peronistas entre el 83 y el 87). Todo lo que hagamos para que no se use será un pequeño avance para recuperar la costa en un sentido ambiental, popular y democrático.







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